Una gota. Salta. Desborda. Salta del borde de la copa que rebosa líquido. Gotas resbalando en la piel desnuda. Disfrute. Tres mujeres se entregan al baile, y sus pies se agitan al ritmo de tambores antiguos, de latidos que acompasan el corazón con las estaciones, el chasquido de las palmas con las gotas de lluvia en los charcos, líquido que alimenta y hace fluir, brazos que se estrechan en un baile que empezó hace milenios.

Deméter baila la danza del encuentro con su hija después de la noche y el frío, y las espigas llenas rozan sus manos. La emperatriz hace suyo el bosque que luego le hará trono. Las hadas se entregan al placer de un nueva primavera, y sienten la tibia luz vibrar en los labios y el sexo.

El invierno fue largo, fue oscuro, pero ellas ya no lo recuerdan. Embebidas de alegría, el calor se extiende por su pecho como el musgo se tiende por el suelo del bosque, como la hiedra se derrama sobre los troncos de los árboles. La música no se acaba, quizá porque nunca empezó, porque siempre ha sido, y será mientras haya pies que se agiten y manos que quieran sostener la copa.

Y cuando todo acabe, se tenderán agotadas a la sombra del árbol más frondoso, abrazadas, empapadas de calidez. Y sentirán estallar en la boca los frutos maduros y las carcajadas.

Y el disfrute existirá porque ellas existen.

 

trescopas

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